Terreno fértil

Jonipunto
Del 4 de febrero at 18 de Marzo

La tierra que pisamos y el mar que nos rodea son parte de una misma naturaleza, la cual no puede fragmentarse por muros o alambradas. Un lugar que explora a través de las fronteras —naturales y sociales—, la creación de nuevos territorios —paisajísticos y emocionales—.

Tras la Conferencia de Berlín (1884-1885), en la cual se establecieron los criterios para crear un imperio en África, Europa se repartió́ todo el continente. Los europeos se hicieron con mapas de los contornos geográficos africanos y comenzaron a trazar líneas.

La evolución de las fronteras ha estado vinculada, desde sus orígenes al afán de expansión territorial y el control de un pueblo sobre otro. Uno se hace grande y otro pequeño. Si un territorio se hace grande, necesariamente otro se hace pequeño. Pero estos tamaños no sólo afectan a la «cantidad de territorio», sino a la cultura que viene y que se va con los vaivenes de fronteras, como los despojos y pérdidas que se producen. Las líneas fronterizas claramente definidas en los mapas geopolíticos se difuminan al plantar un pie sobre ellas, ya que en muchas ocasiones fueron trazadas sin un previo reconocimiento del terreno y mucho menos sin considerar el concepto tribal y cultural de la zona.


Lord Salisbury, a principios del siglo XX, dijo: “Nos hemos puesto a dibujar en los mapas áreas donde el hombre blanco nunca había puesto un pie. Nos hemos repartido montañas, ríos y lagos, apenas afectados por esta pequeña dificultad de no saber nunca exactamente dónde estaban estas montañas, ríos o lagos”

Apropiación 

Improvisación

Color

La obra de Jonipunto traza esas líneas fronterizas que allá en el siglo XIX comenzaron a dibujarse en los mapas, y que aún hoy día siguen moviéndose según criterios de unos cuantos. De ahí el juego que Jonipunto hace sobre el papel o el lienzo, con una colorimetría muy característica, traza líneas imaginadas por el hombre y construye territorios en principio abstractos, pero que se corresponden con una realidad más que evidente. 

Pintar y probar texturas y al final poner una masa de color que dejara entrever en los extremos algunos trazos irregulares, como si la superficie homogénea no pudiera tapar los destellos de diferentes colores y texturas que asoman por los bordes; masas compactas que por mucho que pesen no pueden ocultar los matices y formas que están en el espacio.

Un paseo por la calle y la atención específica se puede convertir en un terreno fértil para la generación de una obra plástica, aquella que ya existe, pero que toma un nuevo significado por una nueva mirada. La materia se puede moldear sin tan siquiera ser tocada.