Ofrenda

Antonio Barahona
Del 25 de marzo al 6 de mayo. 2022.

Fátima, la verdadera protagonista y compañera de Antonio, va a salir de cuentas de su primer hijo el mismo día que se inaugura esta expo.

¿Casualidad? No. ¿Una decisión consciente y en pleno uso de sus facultades que Antonio tomó y que ha significado cantidades locas de estrés desde entonces?

Sí.

Algo muy difícil pero ¿qué lleva a alguien a hacer este tipo de cosas?

Vamos a hacernos una composición de lugar sobre esta locura con algo más de perspectiva, porque hasta Putin tendrá sus motivos y me cago en Putin.

Para muchos, yo me identifico totalmente, existe esta conexión muy estrecha entre vida y trabajo.


Pensemos lo difícil que es la conciliación personal, familiar y laboral hoy día para un padre, hablamos de Antonio en este caso, que se dedica a la producción artística en el ámbito del arte contemporáneo y que además tiene el coraje de seguir creciendo, y eso que Antonio tiene ya una muy buena posición profesional.


Qué cojones, yo también lo quiero todo.

Ahora lo volvemos a pensar mejor y nos damos cuenta de que es o haces la exposición ahora o después ya será imposible o tarde o lo que sea, y todo esto es mucho peor que muy difícil ahora.
Ante esta lógica solo puedes ir a favor, que es lo que me pasó a mí cuando me llamó Antonio para participar.

Después de lo vivido ultimamente que no vamos ni a mentar, la llegada del niño y además acabamos de entrar en la primavera, Antonio Barahona tiene la necesidad de que el mundo sea lo mejor y quiere provocarse y provocarnos que el mundo sea todo lo bueno, olé.

A Barahona ya lo habíamos visto más veces en otros proyectos o en redes sociales y siempre muestra esa relación de disfute con el medio, de estar enamorado de un lenguaje gestual y alegre. Pues imaginarse ahora. También es verdad que, como todos, tiene sus conflictos y sus mierdas pero esto no va de eso, hoy no, gracias 🙂

Él trabaja desde la implicación con un medio, la pintura de formato, con el que hay una relación de carácter afectivo diferente a las tácticas de las narrativas transmediales y los usos posdisciplinares. En este sentido, amar tiene ese punto de renuncia a la conciencia de sí mismo, es olvidarse un poco o bastante a si mismo en darse al otro.

Desde estas formas de relación con la pintura Barahona se adapta a las necesidades de la producción. Entonces se genera una nueva lógica en el que el autor quiere desarrollarse en conversación y confianza con otros profesionales que él busca y vincula con sus motivaciones e ideas. Unas formas colaborativas y enriquecedoras muy diferentes a las competitivas, parece que implícitas, acostumbradas.

Aún así no hay que pasarse de rosca y pensar en Ofrenda como un proyecto de un colectivo porque Barahona es el autor, lo que vemos son sus decisiones, es una construcción desde sus obsesiones, traumas, filias y fobias. Y Antonio aparece, no le quedan más huevos que aparecer. Es un ejercicio responsable y conectado con las tácticas de producción más recientes que implica perder ese ego, aunque una obra de Giacometti se parece a Giacometti, una de Bacon a Bacon y así.
Al final hay que afirmar que su práctica artística es, explícitamente o no, autorreferencial porque la biografía personal es un archivo de posibilidades estéticas, actitudes productivas y construcciones narrativas, como vemos.

Es fácil relacionarnos con Barahona, con lo que ha mostrado y lo que ha sido anteriormente su producción. En este proyecto vemos lugares comunes, cosas que nos suenan de antes. La naturaleza como lugar de experimentación fértil, lleno de texturas, rimos, color, etc. También la naturaleza ya no como lo salvaje y lo incognoscible sino que pasa a ser el lugar del conocimiento, los sentimientos y las emociones.
En otro texto sobre él escrito por Mariana Hormaechea para el catálogo del proyecto El paisaje en el presente. Construcciones del paisaje contemporáneo a partir de lo sublime (Beca Iniciarte 2015) decía: «Encontramos en sus lienzos atmósferas, composiciones y coloridos que dialogan directamente con los mejores paisajistas españoles del s.XIX».

En esta exposición encontramos un conjunto de XX pinturas de lenguajes más naturalistas así como otros de más distorsión donde recupera interesadamente momentos mejores o idealiza. Lo suyo es una vuelta al explendor por los cuales despliega la pintura con un toque concreto símbolo de prosperidad y abundancia.

El artista ha investigado en la plastica trabajando con mas profundidad en el campo de las sensaciones.
La pintura no es descriptiva sino que se recrea en los detalles como potencias. En esta actitud no cabe ese tiempo de análisis, aquí se da otro tiempo más dinámico y de disfrute, un dejarse llevar porque todo está a favor.

Por otro lado la luz se extiende en la imagen pictórica en otro orden, en su propia realidad como color. Esta idea alcanza relaciones de color muy heavys a través del trabajo de iluminación de la sala presentando dos estados diferenciados entre lo natural y lo acelerado.

Barahona trata así de acceder a otra capa más intensa de la experiencia de la pintura de formato.
Esta unidad, la identidad que se nos presenta, toma sentido dotando de la gravedad suficiente a los diferentes fragmentos que la componen desde motivaciones que focalizan en la idea de conjunto.
La presentación del objeto cuadro y su relación con el espacio. Barahona propone una colección de cuerpos fruto tanto del diálogo con el espacio como con una narrativa hacia una sorpresa feliz. En esta relación de formatos aparecen momentos de intimidad así como otros que nos sobrepasan y de este modo potencia una experiencia inmersiva que evade de lo anterior y que pretende acelerar el contacto con todo lo bueno que nos puede traer este momento.

Ofrenda de Antonio Barahona no trata de señalar o generar unas cuestiones u otro tipo de acercamiento más intelectual sino provocar una sensación para todo el cuerpo, un estado de ánimo que tiene más que ver con una celebración que se quiere compartir.